Si tenés un pijama de satén, seguro te pasó de mirarlo después de unos lavados y notar que no brillaba como antes. Tiene arreglo, o mejor dicho, tiene prevención: el satén se mantiene impecable durante años si sabés cómo tratarlo.
En esta nota te contamos cómo lavarlo, secarlo, plancharlo y guardarlo, y también por qué cada uno de esos pasos importa.
¿Por qué el satén necesita un cuidado distinto?
Cuando decimos "satén" no estamos hablando del material de la prenda, sino de cómo está tejida. Puede ser de seda, de poliéster o de otras fibras. Lo que la hace satén es que la mayor parte del hilo queda flotando sobre la superficie y forma una cara lisa y continua que refleja la luz. De ahí viene ese brillo que lo hace tan lindo.
Entender esto explica todo lo que viene después. Con el satén no cuidás tanto el color ni la fibra, sino esa superficie. El calor, el roce o un enganche la alteran, y como es tan pareja, cualquier cambio se ve al instante y no hay forma de disimularlo.
¿Cada cuánto lavar tu pijama de satén?
Menos seguido de lo que creés. Si lo usás para dormir y te acostás bañada, aguanta tranquilamente tres o cuatro noches entre lavado y lavado. No es un detalle menor, porque lavarlo de más es, lejos, lo que más lo desgasta.
¿Cómo lavarlo sin que pierda el brillo?
La regla número uno es el agua fría, siempre. El agua caliente opaca el satén de forma permanente. No lo mancha: altera la superficie, que deja de reflejar la luz de manera pareja. Y una vez que pasó, no tiene vuelta atrás.
Antes de lavarlo, dalo vuelta. Así la cara brillante queda protegida del roce con el tambor y con el resto de la ropa. También fijate con qué lo mezclás, porque un cierre, un broche o un abrojo en la misma tanda alcanzan para engancharle un hilo. Lo ideal es lavarlo solo o con prendas suaves.
En cuanto a productos, con un jabón neutro alcanza. La lavandina y los quitamanchas con cloro quedan afuera, sobre todo si el pijama es claro, porque lo amarillean. El suavizante tampoco hace falta: deja una película sobre la tela que le quita justamente la caída y el brillo que lo hacen satén.
Si lo lavás en el lavarropas, metelo en una bolsa de lencería y elegí el programa delicado. Si lo lavás a mano, no lo retuerzas para escurrirlo. Lo mejor es envolverlo en una toalla y apretar suave para que absorba el agua.
El secado, la parte que más importa
Si hay una tela que nunca tiene que pasar por la secadora, es el satén.
El truco está en colgarlo apenas lo sacás del agua, todavía húmedo. El peso del agua va estirando las arrugas y, cuando se seca, casi no hace falta plancharlo. Eso sí, siempre a la sombra, porque el sol directo le apaga el color.
¿Hay que plancharlo?
Si lo secaste bien, casi nunca. Si hace falta, planchalo del revés, a la temperatura más baja y sin tirarle vapor directo sobre la cara brillante. Si no estás segura de la temperatura, probá primero en una costura interna.
Hay una alternativa todavía mejor que la plancha: colgarlo en el baño mientras te duchás. El vapor del ambiente afloja los pliegues sin que nada toque la tela.
¿Cómo guardarlo?
Mejor doblado que en percha. El satén es resbaladizo y tiende a caerse, y si la percha es de alambre, te marca los hombros con dos puntitas que después no salen más. Guardalo doblado en un cajón, sin nada pesado encima, y listo.
Dos detalles que casi nadie sabe
El primero tiene que ver con el perfume y el desodorante. El alcohol que tienen le deja manchas al satén, y son de las que no salen. Por eso conviene ponértelos antes, esperar a que se sequen sobre la piel y recién ahí ponerte el pijama.
El segundo es qué hacer si se engancha un hilo. La tentación es cortarlo, pero así se abre el tejido y de ahí en adelante se corre. Lo que conviene es mandarlo hacia adentro: pasá una aguja fina justo por el punto del enganche, de afuera hacia el revés, y llevá el hilo con ella hacia el otro lado. Desde afuera casi no se va a notar.
¿Y si se mancha?
Lo más importante es no frotar. Frotar el satén levanta los hilos de la superficie y deja una marca opaca que termina siendo peor que la mancha. Lo que funciona es humedecer un paño limpio con agua fría y darle toquecitos suaves, siempre desde el borde de la mancha hacia el centro, para que no se expanda.
Con estos cuidados, un pijama de satén se ve igual después de varios inviernos.
