Si alguna vez tuviste un corpiño que a los pocos meses ya no sostenía igual, lo más probable es que el problema no haya sido el corpiño. El elástico que cede, la taza que se deforma o la puntilla que se arruina casi siempre tienen la misma causa: la forma en que lo lavamos.
Cuando compramos, elegimos con cuidado el talle, la forma y el color. Después, sin pensarlo, termina en el lavarropas con los jeans y las toallas. En esta nota te contamos cómo lavarlo, secarlo y guardarlo para que te dure mucho más, y por qué cada paso importa.
¿Cada cuánto lavar un corpiño?
No hace falta lavarlo después de cada uso. Lo ideal es cada dos o tres puestas, salvo que hayas transpirado mucho o hecho actividad física.
El equilibrio importa para los dos lados. Lavarlo todos los días lo desgasta más rápido, pero dejarlo pasar demasiado tampoco sirve, porque los restos de transpiración y de crema van dañando las fibras elásticas desde adentro.
Lavarlo a mano es la mejor opción
Es la forma que más lo cuida y lleva menos tiempo del que parece. Llená una palangana con agua fría, porque el agua caliente afloja el elastano y esa elasticidad después no vuelve. Agregá un poco de jabón neutro o de uno para ropa delicada y dejalo en remojo entre cinco y diez minutos.
Mientras tanto no hace falta frotarlo entero. Alcanza con pasar los dedos suave por el contorno y la zona de las axilas, que es donde se junta casi toda la suciedad. Después enjuagalo con agua fría hasta que no quede espuma.
¿Al lavarropas? Que vaya protegido.
Se puede, pero con algunos cuidados. El más importante es meterlo en una bolsa o una esfera de lencería. Sin esa protección, los broches se enganchan con el resto de la ropa y las tazas se golpean contra el tambor hasta deformarse. Antes de meterlo, cerrá los broches, porque abiertos son lo que más se engancha.
Elegí el programa delicado con agua fría y bajá el centrifugado al mínimo, o sacalo directamente. Y fijate con qué lo mezclás: las toallas y los jeans lo rozan en cada vuelta, y ese roce es lo que arruina la tela.
Si tu corpiño tiene tazas desmontables, sacalas antes de lavarlo y volvé a ponerlas cuando esté bien seco. Es un paso que pocas hacen y es el que más ayuda a que mantenga la forma.
¿Dónde se arruinan la mayoría? En el secado
El error más caro de todos es la secadora. El calor destruye el elastano y el daño no tiene vuelta atrás. Un corpiño que pasó por la secadora un par de veces ya no sostiene igual, aunque por fuera se vea intacto.
Para escurrirlo, no lo retuerzas. Apoyalo sobre una toalla, envolvelo y presioná suave para que absorba el agua. Después dejalo secar a la sombra, porque el sol directo amarillea los blancos y apaga los colores.
Al colgarlo, sostenelo del centro o de la parte de atrás, nunca de los breteles. El peso del corpiño mojado colgando de las tiritas alcanza para estirarlas.
¿Cómo guardarlo para que no pierda la forma?
Lo mejor es acomodarlos en el cajón con las tazas hacia arriba, uno al lado del otro.
Lo que conviene evitar es doblarlo al medio con una taza metida adentro de la otra. Es como vienen en las cajas y ahorra lugar, pero con el tiempo le marca un pliegue y la taza ya no recupera su forma.
¿Las bombachas y tangas tienen el mismo proceso?
Valen las mismas reglas, con una sola diferencia. En las de algodón conviene no usar suavizante, porque deja una película sobre la tela que le quita capacidad de absorción, que es justamente lo que hace útil al algodón.
¿Cómo darte cuenta de que llegó el momento de cambiar el corpiño?
Hay dos señales bastante claras. La primera aparece cuando ya lo prendés en el último gancho y te sigue quedando flojo. Un corpiño nuevo tiene que quedarte cómodo en el gancho más suelto, y los otros dos quedan para más adelante, a medida que el elástico cede.
La segunda es que el contorno se te sube por la espalda. Eso quiere decir que la banda ya no está sosteniendo, y es la banda la que hace la mayor parte del trabajo, mucho más que los breteles.
Si estás por sumar uno nuevo, mirá nuestros corpiños sin aro. Y ahora que sabés cómo cuidarlo, te va a acompañar mucho más tiempo.
